El jurado salva a Pablo Ibar de la muerte y le condena a permanecer en prisión de por vida

Pablo Ibar. / Nacho Carretero

El preso de origen guipuzcoano y su familia reciben la sentencia con satisfacción y anuncian su intención de recurrir la resolución

Javier Peñalba
JAVIER PEÑALBA

Fue el mejor de los resultados, el que todos deseaban, salvo el fiscal. La familia albergaba la esperanza de que el jurado pudiera ser benévolo con Pablo Ibar, y lo fue. Los doce miembros del tribunal popular no fueron esta vez tan implacables como cuando el pasado mes de enero le declararon culpable de tres asesinatos en primer grado. En esta ocasión, se pronunciaron a favor de la cadena perpetua, el menor de los males.

El jurado hizo pública su decisión esta madrugada tras un proceso de deliberación. El tribunal estuvo integrado por siete mujeres y cinco hombres. Cuatro de ellos eran hispanos, cinco afroamericanos y tres anglosajones. Los doce habían permanecido hasta ese momento en una dependencia reservada, a la que se retiraron después de que la defensa de Pablo Ibar y el fiscal emitieran sus respectivos informes. Antes de abandonar la sala, no obstante, el juez Dennis Bailey, les dio las últimas indicaciones respecto a cómo debían deliberar y les recordó que la decisión, ya fuera a favor de la pena capital o de la prisión permanente, debía ser por unanimidad.

Benjamin Waxman fue el abogado que asumió la responsabilidad de dirigirse al jurado. El letrado que en 2000 logró lo que parecía poco menos que imposible, que el tribunal Supremo de Florida anulase la sentencia a muerte y ordenase la repetición del juicio, solicitó que se tuviera en cuenta la situación actual de Ibar así como la de su familia y emitiesen un pronunciamiento contrario a la pena capital.

Recordó en este sentido el importante rol que para su entorno ha desempeñado Pablo en los veinticinco años que lleva privado de libertad, de los que dieciséis los ha pasado en el corredor de la muerte.

Waxman se refirió a las declaraciones prestadas por los familiares del preso, en especial las de su esposa Tanya, y las de sus hermanos que destacaron la «fuerza esperanzadora» que para ellos había sido Pablo. «Siempre ha estado dispuesto a darnos consejos. Era lo único que podía hacer desde la prisión», dijeron.

Sus palabras esta vez hicieron mella en los jurados que entrada la noche trasladaron su decisión al juez.

Los argumentos de Waxman se impusieron esta vez a los del fiscal Charles 'Chuck' Morton. Como ya lo hizo hace diecinueve años, en el juicio anterior, cuando arrancó el veredicto de culpabilidad, el veterano representante del ministerio público defendió con vehemencia la imposición del máximo castigo que el ordenamiento jurídico estadounidense contempla. Para Morton, cuyo informe se prolongó tres horas, la manera en la que se ejecutaron los asesinatos de Casimir Sucharski, propietario de un club nocturno en Miami, y de las modelos Marie Rogers y Sharon Anderson, cometidos en 1994, era merecedora de la pena de muerte.

Dolor en la familia

La lectura de fallo, como no podía ser de otra manera, fue acogida con satisfacción por los familiares que en aquel momento se encontraban presentes en la sala de vistas. Los Ibar llevan un cuarto de siglo tratando de demostrar que Pablo no fue autor de los crímenes que se le imputan. Algunos no pudieron contener las lágrimas. En los pasillos se sucedieron los abrazos. Puede decirse que ha sido la única alegría que este proceso les ha deparado. No es precisamente muy reconfortante saber que un hijo, hermano, padre o marido deberá permanecer privado de libertad todos los días de su vida pero peor es saber que tiene los días contados.

Las escenas que se vivieron en los pasillos, según precisaron algunos familiares, fueron de menor emotividad que las que se sucedieron el pasado 19 de enero cuando el mismo jurado declaró a Pablo culpable de los tres delitos. Aquellos momentos resultaron dramáticos, ya que la familia albergaba fundadas esperanzas de que el veredicto fuera de no culpabilidad.

¿Y ahora, qué?

Pese a la decisión que se conoció anoche, la batalla judicial de Pablo Ibar no termina. Empieza ahora una nueva etapa que llevará a la defensa a reemprender el camino de los recursos. Quedan por delante las apelaciones. La cadena perpetua obliga necesariamente a dirigir los escritos de apelación ante el tribunal del circuito correspondiente de Florida. En este camino no existe un plazo de cuánto puede tardar en resolverse.Algunas fuentes estiman que la resolución a los recursos que se planteen no llegará antes de cinco años.

Uno de los motivos que la defensa esgrimirá será la falta de imparcialidad del juez Dennis Bailey, que ha dirigido este proceso. El magistrado ya estuvo a punto de ser recusado por los abogados de Ibar cuando estos tuvieron conocimiento de que había sido el magistrado asignado al caso y que su mujer ejerció de fiscal auxiliar en la oficina donde también desarrolló su carrera profesional Chuck Morton.Además, a lo largo de las mociones preparatorias del juicio así como durante el desarrollo de la vista oral han mantenido un posicionamiento claramente favorable a la Fiscalía, tanto que el propio Pablo saltó el lunes de su silla y le acusó de parcialidad después de que denegara otra prueba favorable a sus intereses.

De momento, se ignora si el equipo jurídico que todos estos años ha permanecido al lado de Pablo Ibar seguirá con él, o será otro gabinete de abogados el que asuma su presentación.

Necesidad de fondos

De cualquier forma, sea cual fuere la decisión final, la Asociación contra la Pena de Muerte Pablo Ibar seguirá necesitando fondos para cubrir los costes. Por ello, mediante la filosofía de un 'crowdfunding' pretende conseguir «muchos pequeños» donativos. Hasta ahora la mayor parte de ellos han sido inferiores a treinta euros.

La sentencia de muerte, sin embargo, podría tener un efecto casi inmediato en la situación actual procesal del preso. Lo más probable es que en los próximos días, Ibar sea trasladado desde la cárcel del Broward County, situada en un edificio anexo al Palacio de Justicia de Fort Lauderdale donde ha sido juzgado, al corredor de la muerte. Este se encuentra en la prisión estatal de Raiford, en Starke, al norte de Florida.

Lo único positivo que cabe pensar de su traslado es que mientras esté allí podrá al menos recibir visitas de su familia en una sala compartida, donde está permitido el contacto físico. En el centro actual, las comunicaciones solo pueden realizarse a través de pantallas de televisión.

 

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